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40 palabras bellas

40 palabras bellas

Camino como sonámbulo. El desenlace no ha podido ser peor. Tenía la esperanza de que fuera diferente, de que al general tras el inconmensurable esfuerzo realizado se le hubiera olvidado, como a nosotros, el por qué estábamos allí. El alba anunciaba un nuevo día y tras él llegó la aurora. Efímero momento de paz. Todo lo demás era superfluo, ojalá durase más esta sensación. Quizá suene a entelequia pero del otro lado de la montaña nos llegaban señales confusas, puede que por temor a mostrarse débiles. Todos queríamos lo mismo, el inefable sentimiento del fin tras un mes que se me antoja infinito.

El sempiterno dolor que habíamos causado lastraba mi alma, que aunque siendo un peón siempre pensé que podría haberme negado, pero no tuve el valor, no era esa mi misión. Mi resiliencia me ha permitido sobrevivir una vez más, aunque no sé si por mucho tiempo ya. En otra época puede que siguiera en la lucha, fuerte, hábil, pero olvido que todo lo vivido deja huella y pesa. Recuerdo con nostalgia tiempo atrás cuando mi mayor preocupación era controlar la efervescencia de mi juventud. Recuerdo a María, aquella preciosa muchacha de larga melena morena e intensa luminiscencia en el rostro cuando tímida me sonreía. Yo al menos la veía así y ahora en la soledad de mi trinchera no puedo sino añorar el melifluo sonido de su voz cuando al despedirse me dio un ósculo como esperando que sirviera de amuleto y protección.

Triste de mí, la melancolía se adueña de mi ser y lloro. Busco en mis bolsillos un pañuelo con algo de consuelo y sale entre mis dedos su colgante de libélula lapislázuli por serendipia. No puede ser sino compasión de los dioses, en los que a estas alturas ya no creo, pero una epifanía como ahora me obliga a dudar.

 

Nota: 40 de las más bellas palabras del castellano
Nota en un tablón con una reflexión sobre aquel mono que bajó

Aquel mono que bajó

A veces me planteo si no hubiera sido mejor que aquel mono que bajó del árbol y comenzó a caminar erguido, se hubiera partido una pierna en el intento y hubiera subido al árbol de donde bajó, porque quizá aquel mono no era el animal más racional para evolucionar, o quizá aquel no fuera el momento.

26 de enero 1993

Hace 24 años que ya dudaba de la idoneidad del hombre como especie y aún no había visto ni la mitad. Ahora ya no me lo planteo. Lo sé.

 

Mis gafas rojas sobre el pc

Todo llega cuando debe hacerlo

Fue entonces cuando al fin, cogí un lápiz y unos viejos folios que llevaban tanto tiempo esperando por mí que crujían con cada palabra. Todo llega cuando debe, no antes.

Les conté de historias en lugares que tan lejanos eran que dudo que realmente existieran. Les hablé de gentes tristes que miran al cielo cada día esperando que les cayera el maná; de gentes que no levantan la cabeza del suelo y van y vienen cada día sin nada que esperar, sin ilusión, sin vida realmente. Marionetas huecas que abandonadas esperan que algún día alguien coja su cruceta y les lleve a otro escenario, pero pasan los días, los meses, los años y esa mano poderosa no llega. Y ya son viejos y no hay vuelta, no hay fuerza para levantar la cabeza y ver que ya no tienen ni hilos pero ellos siguen sintiéndose marionetas cuando en realidad son libres pero no saben cómo se hace. Tristes de su realidad seguirán con su rutina de cabezas gachas hasta el fin de sus días.

Escribí entonces de mundos reales, de personas que ríen y lloran, más lo primero que lo segundo. De personas que en su definición de ser, una de sus primeras palabras es feliz. Incrédulos se aferraron a esas historias.

Fue entonces cuando corté mis hilos, levanté la cabeza y vi el sol. El viento me dio por primera vez en la cara. Todo llega. Ahora cuento lo que quiero, lo que me nace, lo que me obligo. Real o no, eso no me importa.

Escribo porque ahora tengo tantas palabras dentro que debo enlazar en frases para hacer hueco a nuevas palabras, a nuevas historias que se me arremolinan y poder plasmarlas en mis nuevos folios. La madeja es grande. Empezaré a tirar del hilo a ver qué sale; espero ser capaz de quitar tantos nudos enquistados después del tiempo en maceración. Siento la tardanza, pero las cosas salen cuando tienen que salir, no antes.

Bienvenidas palabras.