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Tormenta

Tormenta

Al principio pensé que sería casualidad. Ahora ya no sé qué pensar. Estoy hecho un lío. Necesito hablar con mi amigo Hugo, por saber qué opina. Nos conocemos desde pequeños y hay cosas que no he tenido que decirle para que las sepa. Estar con Hugo es aún más cómodo que si hablara conmigo mismo. Adoro a ese hombre; no sé cómo me las arreglaría sin su punto de vista. Siempre tuerce mi mundo para luego dejarlo todo en su lugar. Me conoce mejor que nadie.

Estaba ansioso por saber qué opinaba y quería contárselo en persona. Solo le envié un mensaje diciendo: “Por fin nuevo frente tormentoso a la vista. A las 8 en el bar.” Siempre le habían gustado los fenómenos atmosféricos, y aunque quiso estudiar meteorología al final se quedó en algo más mundano como las finanzas, pero el tiempo siempre estaba presente en su vida. Una vez me dijo: si viene tormenta nos vemos aquí. Tú pagas.

Le hablé del misterioso hombre de aspecto cansado y sin afeitar que me tropezaba cada vez con más frecuencia. De sus pequeños ojos escondidos tras unas grandes gafas de pasta negra. De la sonrisa casi imperceptible que empezó a mostrar en sus finos labios y de cómo hoy escuché su voz en un delicado y tembloroso, “buenos días”.

Hugo se rió diciendo que parecía un torpe adolescente, preguntándome, ¿cuándo dejarás de esconderte? Apuró su copa y se marchó, dejándome aún colorado y balbuceante.

Al día siguiente, era poco más de medio día, me senté en un banco frente al supermercado, decidido a cruzar algo más que un saludo. Mi corazón latía con más fuerza que nunca, estoy seguro que se veía tras mi camisa blanca. No vas a robar un banco, tranquilo. Respira, me dije.

Entonces lo vi venir por el paso de peatones. Mirada distraída, manos jugueteando con la bolsa vacía y andar sereno. Me levanté y me vio. Ese instante sé que el mundo se paró, que sólo estábamos él y yo. Di un paso y vino hacia mí. Su boca dibujaba una sonrisa enorme y preciosa. Extendió su mano y dijo:

̶ Hola, soy Berto, encantado de conocerte.
̶ Hola, me llamo Andrés y hoy soy libre.

A por el 2018

A por el 2018

Llegó el momento de la felicitación navideña. Para mí es algo más que enviarte buenos deseos. Es dedicarle tiempo a pensarla, redactarla y animarla. Lo hago porque me entusiasman estas fechas. ¡Yo voy a por el 2018!

Se acaba el año y hacemos balance recordando lo vivido. Si tuviera que resumir el año con una palabra sería adiós. Mi padre falleció. No diré que nos dejó porque luchó para no hacerlo mientras tuvo aliento. No, no nos dejó por todo lo que nos dio. Mis recuerdos y momentos con él son míos para siempre.

Un año más vieja o con más experiencia, como quieras verlo, pero un año viva, un año nuevo por delante y más cosas por hacer.

En la felicitación tú verás una bola de nieve en lo que para mí es una muestra de amistad y cariño.

Espero que te guste.

A por el 2018

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Ser rana

Ser rana

Soy un príncipe camuflado. Esperaba algunos besos más. Quizá esto de ser rana no sea tan divertido como pensaba. Como humano no me comía una rosca, aunque mi madre cuando era pequeño decía eso de, ¡ay qué niño tan lindo! El resto al verme se quedaban en un, qué simpático, qué ojazos… Me explico, ¿verdad? Sí, la belleza no pasó por mi cara. Así que pensé que siendo rana tendría más suerte de ser besado. Leí muchos cuentos de pequeño porque ni los niños querían jugar conmigo. Mi madre decía que eran tontos porque no veían más allá. Yo no lo entendía.

Descubrí todo un mundo de aventuras. Me pasaba las horas leyendo. En mis cuentos había princesas que besaban ranas y vivían felices para siempre, así que creí que si era una rana alguna princesa se fijaría en mí. Iluso, ahora lo sé. Pero estaba tan desesperado que acudí al hada de los cuentos y supliqué ser rana aunque solo fuera por probar la experiencia.

Así que ahora vivo en una pequeña charca. Soy el rey del lugar, un rey sin corona, un príncipe sin beso. Los cuentos son historias bobas. ¿Será que saben que no soy de la realeza y por eso no me quieren besar? ¿Seré acaso una rana fea?

Es difícil ser rana, sobre todo aburrido. Croac croac es toda la conversación que puedo tener, ¿se imaginan? Ser rana con mente humana es horrible. Prefiero seguir con mi vida de humano sin reino pero con algo más de charla. Ya sé que las princesas de los cuentos no existen. El hada me lo advirtió, por suerte la magia es temporal y volveré a mi ser.

Adiós charca, adiós. No más moscas. Me vuelvo a la vida fuera del agua, que no digan que no lo intenté. Ahora sé que no es verdad lo que cuentan los cuentos: no hay princesas que besen ranas. Nadie besa ranas.