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Mapa

Mapa

Llevaba un mapa y me perdí. Lo había casi memorizado de mirarlo durante el vuelo. Conocía los colores de las líneas y recorría señalando con el índice todo el trayecto de punta a punta. Ida y vuelta. Cerraba los ojos y en mi mente se aparecían los nombres mil veces leídos. Primero la verde, luego la roja, la azul… La ciudad en mis manos. Una guía a mi medida que llevaba tiempo, quizá demasiado, esperando a ser usada.

Llevaba un mapa que empezaba a romperse por los pliegues de tanto abrirlo y cerrarlo. Ya podía hacerlo sin mirar y hasta por el roto de la esquina sabía decirte si estaba del revés o no. Siempre, aún sabiendo la respuesta, lo consultaba.

Llevaba un mapa y la ciudad me esperaba, pero me perdí por no saber a dónde ir.

2019

2019

Y llegó la Navidad, las fiestas, el balance de cómo nos ha ido y 2019 en puertas. El año nuevo suelo plantearlo como un comienzo cada vez. A mí me gusta verlo así. Esta ocasión y con la curiosidad que me caracteriza busqué qué se conmemora según la Organización de Naciones Unidas en el próximo año y encuentro que está compartido entre tres. Tenemos pues que 2019 es el año internacional de:

Por un lado tenemos la Moderación. Me la imagino como una señora de mediana edad que viste de forma conjuntada en unos tonos coral en concordancia con el color del año según Pantone. Todo va de la mano. La mujer con las joyas justas y sobre unos tacones moderadamente sanos pero con dos centímetros más por la coquetería que compensa su moderada altura. Le cuesta ser comedida en eso.

Pide que comamos y bebamos en honor a ella aunque guiña un ojo sabiendo que un homenaje también cabe. Espera en el fondo que llevemos su medida pero que nos la saltemos en colaboración y amor a los otros. Es generosa y ahí no tiene límites. Insiste, con razón, en su presencia contra el extremismo en la sociedad. Está al tanto de cómo vamos y ha decidido irrumpir en nuestras vidas en un intento de fomentar la paz y la seguridad. Bienvenida sea pues esta amable señora.

Por otro lado, la química estará presente. Era una de mis asignaturas favoritas. Formular era tan entretenido como los crucigramas. Se le dedica el año a la Tabla Periódica de los Elementos Químicos por varias razones, que se resumirían diciendo: ¡qué buenos 150 años llevamos y seguimos en el camino para aportar soluciones para el Desarrollo Sostenible! Un olé para esos químicos del futuro.

Nuestro tercer compañero para 2019 son las Lenguas Indígenas. Su conservación y revitalización estarán también presentes. Sirva como dato que de las 7.000 lenguas existentes, el 96% de ellas las utilizan solo el 3% de la población mundial. Hay mucho trabajo por delante.

Así que seamos moderados y sea cual sea la lengua empleada tengamos la mirada puesta en el planeta y su sostenibilidad.

Permítanme el punto friki, por favor. Blade Runner, la mítica película de 1982, transcurre en noviembre de 2019. Ya lo verán en las noticias y dirán: eso lo he oído antes.

Te deseo que las fiestas sean dulces y entrañables. Que brindes desde el corazón y agradezcas lo bueno vivido. Di al menos un te quiero que no sea habitual y abraza estrujando a esa persona. «Todo lo que no es dado es perdido.» (Proverbio indio)

Feliz 2019 y gracias por estar ahí.

el arte de quemar el agua

El arte de quemar el agua

Tras años intentando cocinar una receta perfecta, tiró la toalla ante un nuevo fracaso. Estaba claro que esta habilidad no se transmitía genéticamente. No entendía cómo su abuela tenía el arte de poner en un plato cualquier cosa sin que le costase esfuerzo o quebradero alguno de cabeza. Era como si estuviese imbuida de toda la sabiduría del mundo culinario.

Su padre también era así. Podías darle los ingredientes o pedirle algo y buscaba la manera para que tu paladar quedara encantado. Su plato favorito eran los pimientos rellenos de bacalao. Aún siendo laboriosos podía prepararlos en cualquier momento para satisfacer su capricho.

Así que ahora estaba él. Se había criado entre fogones, siempre observando y admirando a sus mayores. Preguntando y metiendo la nariz en calderos, fascinado ante la magia que cada día tenía lugar ante sus ojos. Era capaz de identificar todo lo que llevara el plato con solo olerlo. Sin embargo no era capaz ni tan siquiera de replicar una receta. Su madre le decía que tenía el arte de quemar el agua.

Descontento, decidió estudiar y descubrir los entresijos. Escuelas de cocina variadas y reconocidos cocineros que conocían y admiraban a su abuela, le abrieron sus cocinas para que él aprendiera y fuera capaz de ofrecer un estilo propio. Se sentía como un espía intentando averiguar el secreto, pero estaba al descubierto ya que todos querían enseñarle con gratitud al nieto de quien tanto les enseñó. Pensaban incluso que sería un reto más años después de haber salido de su cocina. Con ella todo podía ser, por lo que colaboraban con gusto.

Con el tiempo, no mucho, descubrían el poco talento del muchacho. Cada vez le asignaban más tareas apartado de los fogones y pasó a sala.

Ya resignado y pensando qué hacer fuera del restaurante, le pidieron ayuda para ir a la bodega. Su tío se cuidaba de que respetaran ese espacio y solo en contadas ocasiones permitía el acceso a alguien. Así que con curiosidad y respeto, entró en silencio en aquel sagrado lugar. Al entrar sintió un escalofrío. Era un lugar fresco, de luz suave, lleno de botellas en perfecto orden que le fascinó. Su nariz emocionada se estremecía. Abrieron una botella que estalló en decenas de fragancias y puso una palabra a cada una para describirla. Lloró. Su tío le dio copia de la llave sonriendo, había encontrado su lugar.

Volar, volar libres

Volar, volar libres

Caminaba tranquilo por el sendero marcado. Sabía que no debía salir de él pero estaba tentado. Con mi cuaderno de notas iba registrando las aves de la zona y ellas no entienden de senderos. Volar, volar libres; de eso sí que saben. Desde pequeño me gustaba verlas y con el tiempo aprendí a buscarlas, a esperarlas. Ahora necesito encontrarlas y por eso estoy aquí. Es una zona tranquila, llena de vegetación y con buenos rincones para que aniden. Se han acostumbrado a ver gente y eso facilita mi labor. Son menos esquivas, algo más curiosas y sociables a su modo. A mí me basta así.

Apenas llevo una hora y ya tengo registradas varias zonas con nidos. Es fantástico. Pronto los polluelos romperán el cascarón y tendré muchas oportunidades de capturar el instante, al fin y al cabo, una imagen vale más que mil palabras, ¿no? Bueno, ya sé que todo no se puede fotografiar, pero verlos es indescriptible para mí.

Fui un niño de ciudad, pero de ciudad pequeña. Con poco que te alejaras ya estabas en plena naturaleza, y a veces hasta por mi calle se podían ver golondrinas. Me encantaba verlas volar, tan veloces con sus piruetas. Mientras, en mi cabeza repetía a Bécquer con sus versos de balcones, nidos y oscuras aves. Era mi poema favorito en la escuela. La profesora me puso un diez por mi dibujo recreándolo. Creo que ahí ya dejé el tonteo y me enamoré, de las aves claro.

Así que aquí estoy, de mi pasión hice profesión. Siempre mirando al cielo, pero no arriba del todo sino un poco más abajo, por las copas de los árboles, entre las ramas. Pero hoy la naturaleza me sorprendió. El agua no solo da vida sino que a veces se alía con el sol y nos da color. Un intenso arco iris iba y venía al ritmo del aspersor. Brillan los colores y por una vez estoy donde nace y acaba el arco iris, todo a la vez. Pero no hay oro, o quizá el premio sea poder disfrutar de este instante, de la belleza efímera y casual que se nos brinda. ¿Acaso es que debe valer dinero para ser un tesoro?

El aspersor paró y el arco iris desapareció. Rota mi burbuja, sigo mi camino buscando algunas aves más.