cartas

Las cartas

En aquella época las cartas eran aún una forma de comunicación muy utilizada, aunque para nosotros haya quedado relegado a un medio de envíos burocráticos o de paquetería.

Él esperaba aquella misiva desde hacía ya tres semanas, cada día con más esperanza. Como el general que tras semanas de lucha confía en ganar su batalla escondiendo a su mermado batallón a lo largo del camino que cruza el bosque para sorprender al enemigo que aún más agotado avanza por tierra hostil. Su padre le había contado tantas veces aquella historia de su abuelo, que se acordaba de él cuando el desánimo o el fracaso asomaba. Aquella vez no podía fallar. Necesitaba una buena noticia.

Había enviado su guión a uno de los más prestigiosos estudios del país donde sabía que buscaban una idea fresca para rodar y a él se le había ocurrido no solo algo fresco sino disparatado. No dudó ni un minuto en escribirlo y enviarlo para que lo leyeran.

Si le salía bien sería por fin su canto de victoria, pero si no era así se sentiría abatido por estar otra vez bajo la lluvia; triste, fría, sin paraguas que lo resguarde, sin gabardina que impida que sus huesos se calen con la humedad, pero no podía dejar de intentarlo y sabía que en el fondo volvería a hacerlo. Lo haría tantas veces como fuera necesario. Lo haría porque necesitaba hacerlo, porque no sabía hacer otra cosa más que crear, pero hasta ahora no había encontrado quizá la forma, quizá el momento de darle al mundo lo que quería, pero sabía que pronto lo lograría.

Aquella mañana no había nubes en el cielo, el sol brillaba como anunciando algo bueno. Extraño para estar en diciembre. El cartero llegó y traía varias cartas, pero solo una le importaba: el estudio le había respondido. Su oportunidad de hablarle al mundo había llegado.

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