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Aguja e hilo

Aguja e hilo

Me despierto como tras una noche de resaca. Recuerdo cosas pero no sé si las soñé o las viví. Este es un lugar extraño. Hay un montón de ojos que miran al infinito, sin prisa. Miradas perdidas, sonrisas felices. Figuras que aguardan quizá un abrazo de alguien que las quiera. Decenas de muñecos repartidos por los rincones, incluso colgados del techo o asidos a las ventanas. Están desde la familia oso, Braulio, Amelie y Gia, la hipopótamo Berta, Merlyn el caballito balancín y hasta un espantapájaros, el Señor Potter. No es posible sentirse solo aquí. Es como un zoológico cosido por arte de magia. Se aprecia mucho mimo en cada puntada. Aguja e hilo al unísono para crearnos.

Tengo vagos recuerdos de mi nacimiento. Primero fui de papel, pero en seguida vi que me darían un cuerpo de verdad, aunque todavía soy solo unos recortes en tela. Veo un chaleco rosa y un precioso reloj de bolsillo que ojalá sean para mí. Necesito mi cuerpo ya, no debería seguir aquí y menos así.

Cerca de mí hay un dedal y una caja de la que brotan hilos, algunos retales de tela y un acerico. Un costurero, claro. Yo sé que soy el conejo blanco, pero aún no me veo completo. Me siento hueco, como si mis brazos y piernas no estuvieran asidos a mí. Veo por aquí cerca unas piernas azules, menudas y que acaban con una punta curvada. Esas no deberían ser las mías. También hay pelo azul, eso no puede ser para mí. Mi panza desinflada está aquí junto a mi cabeza. ¿Seré una criatura del Dr. Frankenstein?

Desde donde estoy ni siquiera veo el árbol. Alicia me estará buscando. Están tardando en acabarme. Miro el reloj y confirmo mis sospechas, ¡ay dios, llego tarde! Tomaré frío el té y quizá ya no quede tarta. La de zanahoria es mi favorita. No sería mi fiesta sin ella. El sombrerero no me perdonará que sea impuntual. Por favor, apresúrate y cóseme, tengo que llegar a mi no cumpleaños.

Aguja e hilo. Historia basada en hechos reales, o casi.