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felicitación navideña

Felicitación navideña

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Me encanta el momento de la felicitación navideña. Pensarla, diseñarla, llevarla a cabo es todo un proceso de días que disfruto mucho. Además aprovecho para desarrollar proyectos en los que quizá no me metería, como son las animaciones. Me lo he pasado pipa y he aprendido cosas. Poco más se puede pedir; bueno sí, que te guste.

Se acaba 2016, es un hecho. Ha sido un año duro en algunos aspectos y en otros absolutamente gratificante. Así que daré las gracias por ambos. Por haber podido sobrellevar lo malo con fuerza y todo el ánimo del mundo. Las gracias por toda la buena gente que me rodea y su cariño. No se imaginan lo importantes que son.

Gracias hasta el infinito por quien ha hecho posible que mi blog flote en la inmensidad de Internet. Gracias a ti que me lees, que cocinas lo que yo o que observas ese momento que quise compartir.

Ahora que ya queda poco del año miramos hacia atrás para hacer balance o aprender de errores. Nos damos cuenta de lo rápido que ha pasado, de su intensidad. Pensamos en cómo empezó y lo que hemos avanzado o en algunos casos, tristemente, retrocedido. Miramos hacia el que viene con las esperanzas puestas en que nos sea propicio, que venga lleno de buenas cosas y de prosperidad. Sin embargo observo que muchos piden la luna sin poner siquiera una escalera para alcanzarla. Nada es gratis.

No pediré que 2017 me sonría, me basta con que no me haga llorar. De sonreír ya me ocupo yo por ejemplo, cuando nuestra querida Nuala hace algo una vez más sorprendente. Es fantástico que casi cada día consiga hacerme reír, a veces a carcajadas. Gracias a ella también por dar tanto y por esos paseos divertidos.

Ya solo me queda pensar en mis proyectos para 2017. Siempre adelante. Siempre optimista.

Felices fiestas como decidas pasarlas, donde y con quien estés. Feliz 2017. Bienvenido año nuevo.

Mis gafas rojas sobre el pc

Todo llega cuando debe hacerlo

Fue entonces cuando al fin, cogí un lápiz y unos viejos folios que llevaban tanto tiempo esperando por mí que crujían con cada palabra. Todo llega cuando debe, no antes.

Les conté de historias en lugares que tan lejanos eran que dudo que realmente existieran. Les hablé de gentes tristes que miran al cielo cada día esperando que les cayera el maná; de gentes que no levantan la cabeza del suelo y van y vienen cada día sin nada que esperar, sin ilusión, sin vida realmente. Marionetas huecas que abandonadas esperan que algún día alguien coja su cruceta y les lleve a otro escenario, pero pasan los días, los meses, los años y esa mano poderosa no llega. Y ya son viejos y no hay vuelta, no hay fuerza para levantar la cabeza y ver que ya no tienen ni hilos pero ellos siguen sintiéndose marionetas cuando en realidad son libres pero no saben cómo se hace. Tristes de su realidad seguirán con su rutina de cabezas gachas hasta el fin de sus días.

Escribí entonces de mundos reales, de personas que ríen y lloran, más lo primero que lo segundo. De personas que en su definición de ser, una de sus primeras palabras es feliz. Incrédulos se aferraron a esas historias.

Fue entonces cuando corté mis hilos, levanté la cabeza y vi el sol. El viento me dio por primera vez en la cara. Todo llega. Ahora cuento lo que quiero, lo que me nace, lo que me obligo. Real o no, eso no me importa.

Escribo porque ahora tengo tantas palabras dentro que debo enlazar en frases para hacer hueco a nuevas palabras, a nuevas historias que se me arremolinan y poder plasmarlas en mis nuevos folios. La madeja es grande. Empezaré a tirar del hilo a ver qué sale; espero ser capaz de quitar tantos nudos enquistados después del tiempo en maceración. Siento la tardanza, pero las cosas salen cuando tienen que salir, no antes.

Bienvenidas palabras.