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Te guardé un atardecer

Te guardé un atardecer

Te guardé un atardecer. Todo un Sol que se esconde poniendo fin al día.

Llegué pronto para asegurarme que todo estaba en su sitio; como si el Sol fuese a faltar a su cita. Estábamos él y yo frente al mar. Elegí un buen banco desde el que ver el espectáculo. Probablemente lo puso allí un romántico, un enamorado de las puestas de Sol como yo. Un montón de estrellas aguardaban para el segundo acto.

Se acercaba la hora y tú, impuntual como sueles, no llegabas. Miraba la hora, el móvil, al Sol, pero seguías sin venir. El tiempo no se detiene, La Tierra gira para que el día llegue a otro lugar.

Pero yo sigo solo.

No entiendo dónde puedes estar. Dónde quieres estar si no es aquí, conmigo. El Sol se esconde sin querer hacerlo. Se esconde porque no quiere verme solo, triste. Se ha ido ya. Apenas quedan unos rayos y no has venido.

Creo que mi error fue citarte diciendo ‘tenemos que hablar’. No sé qué pensaste, nada bueno supongo. Te iba a dar la llave de mi casa, la de mi corazón ya la tenías. Cambiaré de cerradura porque esa puerta ya no abre más para ti. Alguna vez que te insinué que vinieras a vivir conmigo esquivabas el tema, pero no creí que huyeras así de mí.

Te guardé un atardecer, un Sol escondido y lo despreciaste. No apareciste. No hubo una llamada con una disculpa. Nada, ni siquiera respondías a mis llamadas, solo colgabas.

Las estrellas lucen perplejas al verme llorar en medio de la calle. Ahora sé que no hay futuro juntos, pero hubiera preferido no enterarme así. Estaba preparado para un ‘todavía no’, un ‘quizá más adelante’, pero no para esto. Hasta un ‘no’ lo habría podido encajar, pero este vacío que me dejas sin tan siquiera hacer la pregunta me mata.

Cada puesta de Sol será amarga, pero cada vez un poco menos. Y así un día tras otro hasta que no recuerde tu ausencia. Un día sé que volveré y el Sol se pondrá para mí sin pena. Las estrellas danzarán felices porque alguien me habrá guardado un atardecer.