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San Juan

San Juan

Noche de San Juan. Por mi ventana entreabierta llega hasta mí el olor de las hogueras que arden cerca. Fuego que deseamos devore todo lo malo que le lanzamos con la esperanza que lo bueno llegue por fin a nuestras vidas. Llegó el verano y ya estamos de fiesta saltando el fuego y brindando por todo. Cualquier excusa es buena: viva el verano, viva San Juan.

Noche mágica, llena de recuerdos y supersticiones. Recuerdo ver el vibrante fuego en un montón de puntos luminosos por barrancos y rincones. El calor intenso que casi quemaba las pestañas. Es el único fuego que me gusta mirar y siempre desde el respeto. Mientras, en las brasas las piñas que se asaban en una eternidad y que devorábamos en un suspiro. Recuerdo la oscuridad alrededor de la hoguera, las sombras que bailaban al compás de la brisa, el intento de ver en el cielo algo más que el humo perturbando una malla de estrellas.

Noche de San Juan. Cuídense de brujas y hechizos o aprovechen su magia para saber el nombre del futuro marido o si tendrá dinero. Eso contaban las historias a las mujeres antaño. Les decían: coge tres papas; pela una, otra solo la mitad y la tercera no se toca. Las tiras debajo de la cama y por la mañana, sin mirar coge una. En función de la cantidad de piel que tuviera sería la fortuna del futuro esposo. Lo que se deben aburrir las pobres brujas para dedicarse a esos menesteres en una noche tan larga y cálida como la noche de San Juan.

Salten las llamas si se atreven y rían. Pidan la renovación al fuego de las hogueras de San Juan antes de que se consuman y sean presa de la oscuridad que se les cierne. Con la mañana quedarán los restos, las cenizas que a poco que sople el viento, volarán.

Volar, volar libres

Volar, volar libres

Caminaba tranquilo por el sendero marcado. Sabía que no debía salir de él pero estaba tentado. Con mi cuaderno de notas iba registrando las aves de la zona y ellas no entienden de senderos. Volar, volar libres; de eso sí que saben. Desde pequeño me gustaba verlas y con el tiempo aprendí a buscarlas, a esperarlas. Ahora necesito encontrarlas y por eso estoy aquí. Es una zona tranquila, llena de vegetación y con buenos rincones para que aniden. Se han acostumbrado a ver gente y eso facilita mi labor. Son menos esquivas, algo más curiosas y sociables a su modo. A mí me basta así.

Apenas llevo una hora y ya tengo registradas varias zonas con nidos. Es fantástico. Pronto los polluelos romperán el cascarón y tendré muchas oportunidades de capturar el instante, al fin y al cabo, una imagen vale más que mil palabras, ¿no? Bueno, ya sé que todo no se puede fotografiar, pero verlos es indescriptible para mí.

Fui un niño de ciudad, pero de ciudad pequeña. Con poco que te alejaras ya estabas en plena naturaleza, y a veces hasta por mi calle se podían ver golondrinas. Me encantaba verlas volar, tan veloces con sus piruetas. Mientras, en mi cabeza repetía a Bécquer con sus versos de balcones, nidos y oscuras aves. Era mi poema favorito en la escuela. La profesora me puso un diez por mi dibujo recreándolo. Creo que ahí ya dejé el tonteo y me enamoré, de las aves claro.

Así que aquí estoy, de mi pasión hice profesión. Siempre mirando al cielo, pero no arriba del todo sino un poco más abajo, por las copas de los árboles, entre las ramas. Pero hoy la naturaleza me sorprendió. El agua no solo da vida sino que a veces se alía con el sol y nos da color. Un intenso arco iris iba y venía al ritmo del aspersor. Brillan los colores y por una vez estoy donde nace y acaba el arco iris, todo a la vez. Pero no hay oro, o quizá el premio sea poder disfrutar de este instante, de la belleza efímera y casual que se nos brinda. ¿Acaso es que debe valer dinero para ser un tesoro?

El aspersor paró y el arco iris desapareció. Rota mi burbuja, sigo mi camino buscando algunas aves más.

Copa de un árbol viejo

Federico, el árbol de las preguntas

Un longevo árbol en el fondo de un barranco vivía. No porque se mudara sino porque nació allí y los árboles donde nacen, morirán. Toda la vida con las mismas vistas, aunque aquellos que crezcan alto podrán ver un poco más lejos cada vez.

Este árbol al que llamaban Federico está solo en tierra de nadie. Aprendí que por la forma de sus ramas, que ya no señalan al cielo sino que se abren a los lados, es un árbol viejo. La tierra le llama. Lo de Federico es porque según cuentan los mayores, una vez un hombre así llamado fue hasta el árbol y allí murió. A partir de ese día, se fue quedando tan desgarbado como él. Algunos decían ver su cara en la corteza. A mí me daba miedo esa historia, pero dicen que quien a él acude porque tiene un quebradero de cabeza vuelve con preguntas sobre su vida que al responderlas le permiten avanzar. Mi abuela decía que era el árbol de las respuestas, porque para ella te respondía en forma de preguntas como Federico, que era de madre gallega.

A mi abuela, la historia se la contó su abuelo; hace muchos años que la gente va. Yo aún no he ido hasta él. Me he acercado a hurtadillas cuando alguien lo visita, pero no he visto nada más que un árbol. Quizá porque no tengo nada de qué hablar. Federico es más grande de lo que parece. Harían falta varios hombres para rodearlo con sus brazos. De lejos no parece tanto.

El otro día vi a tío Tomás. Se sentó entre sus raíces y apoyó su espalda en el tronco tapando su cara con las manos, como si llorara. Me sentí mal por espiarlo y como la noche se acercaba ya, volví a casa. El lucero me acompañaba mientras mis pensamientos divagaban en cómo iba un árbol a decir nada. Cosas de mayores, concluí.

la botella de gel

La botella de gel

Ayer de madrugada la botella de gel decidió poner fin a su vida y se dejó caer en la bañera vacía. No podía haber elegido peor momento. El reloj marcaba las 3:27 am y nos despertó a todos. Si su intención era irse haciendo ruido desde luego que lo consiguió; nunca la veré igual. Su vida se había acabado y sabía que el reciclaje le esperaba. No es mala vida. Podría acabar en un tiesto con grandes vistas desde un balcón o quién sabe.

Entiendo que hasta ahora su vida ha sido triste, casi insignificante. Ahora que lo pienso cuando aún estaba llena quiso llamar mi atención y se precipitó sobre mi pie. La maldije por el dolor causado y no volvió a intentarlo. Pasó el resto de su tiempo entre nosotros allí, en el borde de la bañera con su compañero el champú y la crema para rizos que es la más longeva. A saber qué historia le habría contado de sus antecesoras.

Quizá si supiera la de vídeos que hay en YouTube con reciclajes para botes como ella se sentiría más feliz. O Pinterest que es una locura de ideas de lo más variopintas. Es curioso cómo conocer más mundo nos puede hacer más felices, o quizá más desdichados por no alcanzarlo. Una vez más el optimismo se hace paso. Sin duda mi gel no era optimista. No se le pegó de mí en el tiempo que vivimos juntas. No me escuchó cantar en la ducha según mi estado de ánimo y aprender que hay días buenos y malos.

Ahora voy de camino al contenedor amarillo a darle otra oportunidad. Espero que sea más feliz y no vuelva a causar semejante estrépito en mitad de la noche. Un gel de avena ayer se lanzó al vacío. Adiós y gracias por los servicios prestados.

Por qué Edana

Por qué Edana

La pregunta de por qué Edana se repitió durante el día del lanzamiento como cabría esperar.

El primer impulso para responder a esa cuestión fue inventarme algo, claro. Al sentarme a escribir me pareció que la verdad tenía suficiente peso y no podía, ni quería ocultarla.

Edana apareció hace unos cuantos años ya en mi vida. Siento decepcionar a alguno, pero la verdad es que necesitaba un nombre para un personaje de un juego, una hechicera que lanzaría fuego. Concienzudamente busqué y busqué un nombre que me gustara. Edana significa fuego. Me cautivó el nombre por su fuerza y lo que representaba. Era ideal.

Con el tiempo, Edana me ha ido acompañando como nombre de otros personajes y nicks varios. Lo he modificado un poco a veces añadiendo una h en medio, mira una h*, o doble n, pero Edana siempre latía dentro. Algunos amigos a día de hoy me conocen por ese nombre por los ratos que pasábamos juntos jugando. Fue muy divertido.

Así que, inicialmente, no fue más que un nombre para un personaje en un juego o eso creía yo. Me gustaba ser ella, valiente, atrevida, inmortal; bueno, en realidad con más vidas que un gato porque soy torpe, me caía y moría. Bueno, quizá no fuera valiente pero permítanme la licencia de contarlo así.

Siguieron los días y meses. Necesitaba contar cosas al mundo y un blog fue la respuesta. Ante la pregunta inicial de cómo llamarlo lo tuve claro: Edana tenía que estar ahí. La parte del cuenta entiendo que debe ser obvia porque nadie preguntó por ella. Así nació Edana cuenta.

*Si no sabes por qué digo ‘mira una h’, deberías leer ‘La frustración de la H

Letra H en busca de sus amigas la c y la a para ir a bailar

La frustración de la H

La h muda, ignorada, ni siquiera cuenta para acentuar. Frustrada esta octava letra de nuestro alfabeto porque alguien decidió que ningún sonido acompañara su presencia. La podemos ver al principio de algunas palabras o escondida en medio de sus compañeras las letras sonoras, pasando por completo desapercibida. Triste está la h. A nadie le importa si va despeinada o si repite el mismo vestido dos días. No se da cuenta de su poder, o me dirán que nunca tuvieron la curiosidad de ser invisibles y entrar donde quisieran sin ser vistos.

La h se frustra al creer ella que no cuenta solo porque no suena y sin embargo eso la hace única. Mira una h.

Qué seríamos sin la escalera del alfabeto. Naufragaríamos cada día entre tanta ‘ola’. El hombre se sentiría desnudo, el huérfano más abandonado y no tendríamos hermosura. Qué haríamos sin ella, la necesitamos para hablar y no ahogarnos solos en nuestras historias, echando mano del humor y al llegar al hogar holgazanear hasta el siguiente día hábil. Ay h, te necesitamos.

A veces para no sentirse tan sola salta a la tercera posición del alfabeto para ver a su amiga la c porque juntas tienen ese peculiar sonido y van en busca de la a para salir a bailar… cha cha cha.